Tocar el deseo (II)

tocar el deseo chicasDeseos eróticos, deseos de ir al encuentro del otro, de sentirlo, de mecerlo y de fundirse sin más. El deseo como un valor a cultivar. No entra en la esfera de lo prohibido ni de lo permitido.

No hay lucha, el deseo ni se defiende ni se ataca. El deseo simplemente se reconoce, se cuida y se cultiva.

Es una potencialidad que ha de ser facilitada, ha de ser cultivada. En el deseo no hay lugar a la equivocación, uno no se equivoca al vivirlo porque simplemente es algo que tiene dentro. Descubrir lo que uno alberga nos hace estar en nosotros y llevarnos a un camino de aceptación. Vivirlo y dejarlo ir, sin crear conflicto.

No encerrar nuestro deseo, no castigarlo y ocultarlo, no problematizarlo e invisibilizarlo porque supone problematizarnos a nosotros mismos. Apartarnos, desconectarnos, no aceptarnos con lo que somos y tenemos.

Yo soy el único responsable de mi deseo, soy yo quien lo gestiona, quien lo permite ser y expresarse o quien lo arrincona y lo juzga. No podemos esperar a que sea el otro el que venga a dárnoslo, sólo lo podrá avivar si me he permitido vivirlo en mí.

El deseo quiere trascender. Cuando aparece y es bienvenido desea vivir y morir contigo. El deseo se siente en el cuerpo a través de todos sus sentidos. Se huele, se saborea, se escucha, se ve y sobre todo se toca. Puede albergarse en la fantasía o puede ser vivido desde la realidad, aparece en todas sus formas.

Cuerpo vivido, cuerpo reconocido, cuerpo sentido, cuerpo amado.

Nuestros deseos aparecen en nuestros sueños y en nuestras fantasías. Pueden causarnos extrañeza pero ahí están, formando parte de nosotros, de nuestra intimidad y de todo lo que no quisimos reconocer y ahí sigue latiendo.

Somos deseos y somos miedos igual que somos luces y sombras, y toda esa inmensidad visible e invisible nos hace ser quienes somos, cada uno que elija si hoy por fin… se atreve a vivirlo.

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