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FUSIÓN CON-FUSIÓN

FUSIÓN CON-FUSIÓN

 passionMe decía Lucía:

…Siento algo cuando me toca pero no siento nada cuando le toco a él…Aún así no soy capaz de llegar al orgasmo y eso me preocupa…

 ¿Dónde está aquí el Deseo? ¿Dónde la Vivencia Fusional que acompaña a cualquier encuentro erótico? ¿Son las metas o las expectativas las que nos alejan de la pasión? ¿A qué estado de Confusión hemos llegado en el Ars Amandi?

 La Fusión de los cuerpos es una experiencia única que nos traslada a momentos olvidados de absoluto placer y entrega. Traspasa los cuerpos y toca el espíritu o las almas que llegan a confundirse cuando lo hacemos de verdad.

 En pareja tenemos la opción de vivir esta experiencia, pero pocas veces somos conscientes de todo lo que nos brinda y de lo sencillo que resulta llegar a ella, tan llenos de metas como estamos en los encuentros amorosos.

 La Fusión necesita de la confianza, de la entrega y del deseo de dos que se unen.

 Dos cuerpos que se desean se buscan sin freno. Se trata de estar ahí y olerse y sentirse y buscar la manera de estar el uno en el otro.

 No hay manuales, no se trata de llegar a ninguna parte porque ya se está. No hay fórmulas, sólo una central: ser tú y  estar muy presente y ver al otro y desear que ser produzca la alquimia.

 Es como un baile en el que te miras, te sospechas, indagas, te tocas y ves cómo reacciona el otro cuerpo y el tuyo lo hace ante su respuesta y así continuamente sin parar.

 Es un danzar mirándole a los ojos o abandonándote en ellos centrándote en todo lo que sientes y lo que deseas seguir sintiendo. Siempre quieres más y lo demuestras con tus manos, con tu boca, con tu piel que se pierde en las suyas y busca una respuesta constante. Lo demuestras, no te callas ni esperas a ser adivinada/o. Lo sugieres, lo expresas, das pistas porque quieres que te encuentre.

 Es inútil parcializar el cuerpo. Es un todo. Que habla y grita de deseo, si le dejamos que lo exprese. No hay zonas exclusivas para el placer porque todo el cuerpo es erógeno y el placer lo construimos a cada momento. Es una nueva creación que responde a estímulos sensibles y multiplicadores.

 En la Fusión todo es abundancia.

 No es sólo genitalidad porque las mismas palabras, sonidos u olores pueden resultar más excitantes que cualquier roce o fricción esperada.

 El deseo, la excitación se abren camino si me doy permiso para ello. Y entonces es posible la entrega, y la penetración y la compenetración y el hacerme parte de ti y el sentirte parte de mí.

Y el colmarnos y el saciarnos hasta no poder más y necesitar separarnos.

 Y de nuevo la Separación, de nuevo la Individuación para estar conmigo y revivir todo lo ocurrido. Tranquilos y serenos deleitándonos en la distancia.

 El movimiento de siempre Fusión-Individuación y vuelta a empezar. Bendito ritmo que me lleva a mi y me lleva a ti y me vuelve a traer a mi feliz y dichosa de haberme compartido.

 … No cabe retomar la posibilidad de si siento o no siento cuando estoy contigo, de si estoy a la altura o no de tus expectativas o de las mías. No me califico de mejor o de peor amante sino que rememoro nuestra experiencia de fusión y me alegro de haber estado ahí, sin pruebas ni obstáculos, sólo a nuestra manera.

 Nuevos retos, nuevos caminos…

Espero vuestros comentarios y opiniones. Besos.

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Puntos y aparte

foto-taller-sexualidad-femenina“Me costó verlo pero al final lo entendí. Me costó darme cuenta de que no me podía dar nada y tampoco era capaz de recibir todo lo que yo le ofrecía. Me costó pero lo vi con claridad y sentí la absoluta certeza de que nuestra historia había terminado”.

Son las palabras de María, que llegó junto con su tristeza en busca de ayuda profesional.

“¿Por qué es tan difícil amar a alguien? ¿ Por qué es tan difícil que me amen?, repetía llena de desaliento. “Recuerdo la última vez que estuvimos juntos. Cómo nuestros cuerpos se encontraron y se buscaron de nuevo, o tal vez sólo era el mío el que le buscaba. Todas mis caricias, todo mi ansia, todo mi abandono se fueron perdiendo sin respuesta. Estábamos los dos ahí y sentía cómo el deseo nos atrapaba pero era como buscar agua en el desierto. Su ausencia era tan poderosa que cada vez me iba encontrando más y más sola hasta sentía  que había llegado a una isla y sólo un inmenso mar me acompañaba… ahí acabó todo”.

El dolor está presente en todo el relato de María que es un ejemplo perfecto de cómo dos personas pueden compartir una máxima intimidad física y a la vez estar viviendo una separación absoluta. Es así. Y es esa contradicción la que nos lleva a sentir más profundamente la amargura del momento.

El encuentro erótico en el que nos desnudamos y nos exponemos al otro nos convierte en seres frágiles, extraordinariamente frágiles. Sobre todo si somos dos que no se acaban de encontrar. Que a pesar de estar compartiéndose y disfrutándose no están unidos. Hay una disarmonía que se siente pero no se pone en palabras y que hace que lo que sería un momento de fusión se convierta en un episodio de separación.

Es cierto que la expresión erótica y afectiva son diferentes en hombres y en mujeres, de nuevo las diferencias sexuadas, y estas hacen que a veces no sea fácil vivir los encuentros de la misma manera. Pero lo que es más cierto es que dos que se desean son dos individualidades, dos biografías y dos momentos vitales que a lo mejor no coinciden, aunque nos empeñemos.

En terapia de pareja siempre intentamos que cada parte intente valorar lo que está dispuesto a dar y a recibir y hasta qué punto el otro es capaz de ofrecerlo y de aceptarlo. Si no vemos esto podemos estar luchando contra nosotros mismos y sólo nos puede llevar a un estado de frustración permanente y desesperanza.

Pensar que todo se soluciona a través de los encuentros sexuales es una idea cuanto menos peligrosa. Prefiero la idea de que nuestros encuentros son  termómetros relacionales, porque son nuestros cuerpos en comunicación y ahí todo se evidencia. Otra cosa es que queramos o sepamos leer las señales, sean del color que sean.

Porque ahí está todo el calor y toda la magia, todo el deseo, el placer, la satisfacción y el deseo de colmarnos pero también puede habitar todo el frío, el silencio y la desolación más absoluta.

Se trata como siempre de sentir, de abrir todos los sentidos y estar atentos a lo que me ocurre y le está ocurriendo al otro.  Y si, como en el caso de María, se siente la certeza de que no va más parémonos a contemplarlo y diseñemos nuevos caminos.

Tal vez sea el momento de trazar un punto y aparte…

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