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Hoy cocino yo

Este post está escrito a cuatro manos con el Chef de Cocina Mario Pascual en un apasionado intento de maridar Gastronomía y Sexología…

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Comemos  para alimentarnos. Cocinamos para extraer los secretos de sabor que sabemos que hay dentro de los alimentos (el sabor, con mayúscula es la distancia que hay entre alimentarse y emocionarse). El Sabor. Tiempo y constancia. Caldos reduciendo a fuego lento durante horas, marcados fuertes y rápidos que tuestan, saunas de vapor para cocciones cuidadosas, aliños que transforman lo crudo en disfrute. Cocinar es aprender a elegir el mejor producto y darle el mejor tratamiento; buscar armonías y contrastes que nos confirmen lo acertado de nuestra elección. Disfrute.

   No sale a la primera. Decía Hemingway  -más o menos textualmente- que el primer boceto de cualquier cosa siempre es un bodrio. A veces lo dejas por imposible. A veces el producto no te quiere. Insistir o no. Seguir.

   Alrededor, fast food. Comida congelada. Lo sabemos. Precocinada. Rápida. Calentar y servir. Abrir y listo. Envase reciclable.  Sabor adecuado para millones a la vez.  El placer de saciar el hambre. Alimentarse, una necesidad. Poca emoción pero eficacia.

   A veces, me apetece una hamburguesa de las de cadena de hamburgueserías, con mucho kétchup y queso fundido y todo el pringue. No me resulta paradójico. Para autodisculparme, alego que me lo pide el cuerpo.

    Porque comemos para alimentarnos, ¿no?

Nos compartimos en pareja para satisfacer nuestras necesidades de pertenencia, de seguridad y de afecto. Y cuando amamos de verdad en ese maravilloso acto de entrega extraemos lo mejor del otro y de nosotros mismos.  Y nos nutrimos.

Nos mezclamos y nos perdemos con él en un acto de valentía y generosidad.  Amar es elegir y dar el salto y probar y arriesgar todas las formas posibles de encontrarnos con el otro, sin tiempo, sin ataduras, saboreando cada minuto de esa aventura en la que nos construimos juntos día a día.

Cuando amas, sigues, porque no hay alternativa. Seguir, conquistar, seducir, jugar, creer, crecer, confiar y embelesarte y acertar o equivocarte, qué más da.

Luego existen otras formas de relacionarnos, de estar en pareja o tal vez sea de consumirnos en pareja. Son esas relaciones, esos encuentros rápidos, acordados, inmediatos que calman nuestra ansiedad y alejan nuestras soledades. Decimos que no ponemos sentimiento en ellos porque sólo es algo físico, sólo es el cuerpo, como si pudiéramos separarnos de nosotros mismos, puro espejismo.

Y las vivimos y las disfrutamos y extraemos todo el placer para nuestros sentidos que nos traen y llegamos a todos los límites que podemos tocar en un nuevo intento de disfrute, por qué no. Tal vez no me colmen pero satisfacen mi necesidad del momento y ese es su valor.

Todo es posible cuando nos alimentamos y todo es posible cuando nos encontramos en pareja. Necesidad, emoción, sabor, armonía, creación  o simple consumo… asumimos los riesgos.

Cada uno que se ocupe de su cocina atento a lo que desea, necesita o siente que tiene que elaborar en cada momento. Cada uno que experimente y arriesgue con conciencia y atención.

Magia y alquimia a mi servicio. Porque hoy, cocino Yo.

 

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