Celos -que te quiero celos-

CELOS QUE TE QUIERO CELOS

Nos dijeron que era importante amar sin poseer y esa es una de las claves. Lo sé.

Amar sin necesitar al otro, sin sentirme su mitad porque todos somos seres completos, y así es. Sentirnos seguros con nosotros mismos y desde ahí poder vincularnos con el otro y eso queremos.

Sin embargo, y pese a que nos sintamos las personas más seguras del mundo, la fragilidad nos sorprende y muchas veces nos atenaza cuando estamos en pareja, especialmente cuando iniciamos una relación. Y hay momentos en que sin saber por qué parece que el suelo tiembla bajo nuestros pies y los celos aparecen para paralizarnos .

Cuando hablo de celos no quiero referirme al sentimiento de que mi pareja se enamore, desee o ansíe a otra. No sólo al menos a ese sentimiento sino a otro que va más allá y que resulta más cotidiano y cercano.

La pareja está llamada a socializarse y cuando pasamos del Efecto Bunker a relacionarnos con otras personas se mueven dentro nuevos elementos en ese nuevo escenario de socialización.

Es muy interesante y necesario ver a mi pareja en otros contextos más allá de nuestra propia relación. Tomar una distancia y observar cómo se relaciona con mis amigas, mis amigos, mi familia o mis compañeros de trabajo, por ejemplo cuando quedamos con ellos a cenar o salimos juntos a realizar alguna actividad.

Se produce un efecto contraste y puedo ver a mi pareja y mirarla y sentir cómo los demás la miran y cómo ella interacciona. Hay momentos entonces en los que observar sus reacciones me hace reafirmarme en mi sentimiento hacia ella y otras voy más allá.

Aparece una sensación nueva cuando veo cómo los otros, las otras ríen con ella, hablan con mi pareja incluso hasta olvidarse de mí. Y puede que eso me haga sentirme mal, no porque yo no esté segura de su amor por mi sino porque me doy cuenta de que tiene ojos para otras personas y las otras personas tienen ojos para ella. Y su atención ya no está centrada en mí, ni la suya ni la de las otras personas.

No se trata de que piense que nadie me la va a quitar pero qué duda cabe que un cierto espíritu competitivo me posee y algo me lleva a pedir que me mire a mí, que comparta sus risas sólo conmigo, que su atención sea exclusivamente mía.

Aquí está la exclusividad. Y los celos!

Esa necesidad que tenemos de no compartir con nadie lo que creemos que es nuestro, como si alguien nos lo fuera a sustraer para siempre. Tal vez sea un sentimiento que pertenezca a las parejas cuando se inician y que con el tiempo se calme y rebaje sus expectativas. Pero es claro que al inicio de la relación aparece, nos cueste más o menos reconocerlo.

Dicen que cuando amamos a alguien desde la posesión sufrimos porque le anhelamos cuando no está y tememos perderlo cuando está…curioso bucle. El caso es que y aquí está nuestro reto, no amamos para sufrir sino para crecer.

Ahora entiendo cuando nos relatan que la pareja es el mayor espacio de vulnerabilidad. El lugar donde uno ha de aprender a soltar el control, y ganar en generosidad. El sitio donde uno entiende que no siempre se puede dominar al otro y que en cualquier caso es un mal objetivo de vida porque el respeto por la otra persona es la mayor muestra del respeto por uno mismo.

Y el espacio donde tengo que aceptar que todo es nuevo porque antes estaba sola y antes era un lugar mío que yo transitaba a mi ritmo y manera y ahora es de dos y se incorporan los hábitos y ritmos y lenguajes del otro. Y los ajustes han de producirse.

Cuando soy capaz de vivir con mi pareja todo aquello que nos une y nos separa y desde ahí soy capaz de compartirla estoy ganando porque estoy creciendo. Quererla y ver cómo los demás la quieren, admirarla si es el caso y sentir cómo los demás la admiran y desearla entender que otros también la deseen puede no resultar fácil pero sí necesario para construir un vínculo sano y fuerte que me haga sentir libre y a ella también.

Los celos no son sólo aquellos fantasmas que nos llevan a temer la pérdida del otro porque se pueda enamorar o liar con otra sino también son esos pequeños mordiscos en el alma que nos recuerdan que nuestra pareja no es nuestra posesión y que tiene vida propia.

Aceptar esa inmensidad es una forma de gestionar los celos. Y entender que son mis miedos a veces al abandono a veces a la pérdida los que me enturbian la percepción de la realidad. Es un sentimiento mío que yo tengo que aprender a elaborar en mí y no proyectar sobre mi pareja y cada minuto que estamos en el mundo no bunker es un momento para aprenderlo y ejercitarlo.

Son los primeros pasos del camino que toca darlos y nombrarlos me parece importante para que no nos encontremos un buen día enfadados y alicaídos sin saber qué miedo nos ha transitado esta vez que tanta amargura nos ha producido.

No pasa nada por reconocer nuestras emociones en cada momento. Ninguna es positiva ni negativa. Sólo está ahí para movilizarnos y permitirnos pasar a una nueva etapa de la vida.

Es una locura no aceptar lo que sentimos y mantenernos en lucha contínua. El problema no es sentirlo sino quedarnos ahí para siempre. Toca cruzarlo!.

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