El sexo como anexo

EL SEXO COMO ANEXO.
NOS QUEREMOS PERO NO NOS DESEAMOS.

“Somos dos chicas de 28 y 31 años y llevamos 5 años de relación. Tenemos dificultades para tener relaciones sexuales desde hace más de 2 años y ahora apenas nos tocamos. Nos queremos muchísimo así que no pensamos que sea un problema de la relación pero pensamos que nos gustaría disfrutar juntas y sentir mucho más deseo. ¿Qué podemos hacer?”…
Esta es una de las demandas que nos encontramos cada vez con más frecuencia en las Consultas de Sexología. Parejas de mujeres con años de relación estable en las que el Deseo y la Amatoria se han dificultado hasta el punto en algunos casos de dejar de existir.
Nos parece interesante reflexionar sobre esta realidad intentado ver cuáles pueden ser los elementos que dificultan o boicotean el DESEO ENTRE MUJERES y cuales serían los antídotos o Fortalecedores de esa Amatoria o ArsAmandi.
Nuestro acercamiento al tema es desde la Sexología Sustantiva de la Diversidad que contempla todas las formas posibles de amarnos y encontrarnos desde un cultivo de esas mismas posibilidades. Y desde la misma que no sucede lo mismo cuando se encuentran un hombre y una mujer, o dos hombres o como es el caso que nos ocupa, dos mujeres.
Dos sexos mujer con dos vivencias y experiencias más masculinas o más femeninas que se unen para expresar una sexualidad que se encuentra, se reconoce y a veces también se separa. ¿Por qué ocurre esto?
Vayamos con los BOICOTEADORES.

• FUSIÓN / CONFUSIÓN: Desear y querer son dos cosas diferentes que no restan ni compiten entre ellas pero a veces se confunden.
• Falta de peso de LO ERÓTICO frente a LO RELACIONAL en la pareja. Deseo Evanescente. Deseo en Segundo Plano. Como algo que se conecta con nuestro ser mujer.
• Gestión reactiva de los Noes, de los Rechazos. Los tiempos y los ritmos son diferentes en cada una y nos cuesta verlo.
• Inhibiciones y pudores. El pudor cabe en el escenario del deseo y ha de ser bienvenido, pero la vergüenza que nos bloquea ha de ser liberada.
• La cama como un Campo de Batalla. Luchas de poder y venganzas en el campo del Deseo. A veces las mujeres nos llevamos a la cama nuestros enfados, nuestros desencuentros y entonces el cuerpo no responde porque se ha contagiado del malestar silencioso. Resolvámoslos antes.
• Falta de Trabajo de Seducción y de Sorpresa. Llevamos un tiempo y parece que ya está todo conquistado y poseído en una sensación de falsa seguridad.
• Simbiosis que anula individualidades. No distancia emocional que a veces me ahoga y no me permite separarme de ti. Si no me separo de ti no te veo y por lo tanto no puedo desearte.
• Falta de presencia. Me voy cuando estoy contigo. Estoy pero no estoy.
• Intromisión de lo doméstico. Prosa frente a Poesía. Exceso de literalidad y de atención a lo evidente y poco a lo sugerido y sugerible.
• Oblibarme a. Cuando me fuerzo a Hacer. Me siento responsable de tu placer y hago lo que tú quieras para contentarte y en realidad eso me descontenta a mí.
• Alteración de la Confianza. Dificultad para el Abandono en la otra.
• Falta de conexión con mi Cuerpo. ¿Deseo yo mi cuerpo? ¿Me siento deseable?
• Dificultades para expresarme como Mujer Deseante.

Y ahora los FORTALECEDORES del Deseo.
Hablamos de aquellos elementos que juegan a nuestro favor y que alimentan nuestro deseo. Aquellos que hacen que nuestro ArsAmandi o Amatoria fluyan y vuelvan a ser un espacio de disfrute y de sentirnos bien juntas, de colmarnos y de sentir satisfacción con una misma y con mi pareja. Estos son algunos de ellos:
• NOMBRAR el DESEO. MATERIALIZARLO, EXPRESARLO a través del lenguaje tanto verbal como no verbal.
• PARAR LA MENTE. Tiempo fuera cuando me estoy yendo. Sacar esos pensamientos y atravesarlos.
• El Deseo como Capítulo Principal: el deseo no es un Anexo en mi vida, en nuestra vida de pareja. Es una base tan importante como la de los afectos que ha de ser igualmente cultivada y mimada.
• Erótica Relacional y Erótica Genital.
• Dedicación a mí y dedicación a mi pareja desde la Presencia.
• Tomar conciencia de mi Pasividad/Actividad y de la de la otra.
• Buscar estímulos, códigos que nos activen a las dos eróticamente.
• Juego del SENSAR. Ahondar en el Mapa Erótico de cada una.
• Sentir nuestros cuerpos. Cuidarlos y Amarlos. Posesión positiva de una misma y de la otra.

Darme/ darnos permiso para EXPERIMENTAR, para ser juntas respetando a la otra y para APRENDER porque todo es nuevo cada día y nada hay más estimulante que sentirme deseada y deseante sin más en ese instante que es el que quiero vivir. Contigo.

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Soneto a la transexualidad

Atención-a-la-transexualidadHola a todos; me llamo José, tengo 42 años y soy homosexual. Cuando uno se encuentra mal, puede hacer muchas cosas, o algunas…o quizá ninguna ;yo opté por escribir este poema-soneto, acordándome de mis hermanos transexuales; puede que, porque el dolor compartido sea menor…(su dolor, tal vez más difícil); no voy a analizar porque lo hice, ni tampoco voy a entrar en hacer una disquisición de la transexualidad…creo que sobra; eso sí: si este poema llegara a manos de uno de mis anónimos amigos transexuales, sólo sabed una cosa: OS QUIERO.

Soneto a la transexualidad

Agradecemos a José ésta bonita aportación a nuestro Blog.

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¿Orientaciones sexuales líquidas? de Rebeca Inut [Cogam]

¿ORIENTACIONES SEXUALES LÍQUIDAS?
Una reflexión sobre mujeres lesbianas tardías…
Es posible fluir desde una orientación sexual hacia otra…?

Ser hetero, con los roles definidos y etiquetados desde tu nacimiento, sin
posibilidad de permitirte plantearte otras emociones, otros sentimientos
que te llevaran a tener atracción por el sexo opuesto… Ser hetero como
digo y que te gustaran las personas del sexo contrario, sería lo correcto
en una sociedad hetoronormativa y que fueses una persona heterosexual,
insisto, es exactamente lo que se esperaría de ti.

Sin embargo, cuando yo sentía una sensación de opresión en el pecho,
siempre que se acercaba Sara, cuando se me aceleraba el pulso al verla,
cuando su sonrisa iluminaba mi vida y solo sentía necesidad de abrazarla,
de tocar sus manos, de respirar su aire compartiendo el mismo espacio.
Cuando notaba que la alegría se instalaba en mi alma por el mero hecho de
su existencia, hizo que me plantease otras posibilidades.
Era muy joven cuando esto sucedió y los amigos tan inexpertos y
desinformados como yo, me decían que eso era amistad. Que eran sentimientos
fraternales.
-Que era lo normal….!!!!!

Claro que ese peso, esas ganas locas que tenía de abrazar a Sara, no las
sentía por Carmen o por Toñi.
También eran mis amigas, las quería igual, pero no sentía la necesidad de
abrazarlas de esa forma especial, reflexionaba yo en voz alta.
-Eso es, porque hay más afinidad con Sara que con ellas, me decían…
-Porque la quieres más.

Yo, era una adolescente inexperta de colegio de monjas, donde esas
emociones estaban prohibidas y donde la religión excluía, bajo la amenaza
del pecado, hasta el pensamiento más íntimo en el que se imaginasen otras
formas de amar.
Yo recordaba una sensación parecida sentida unos años atrás por Marga, pero
suponía que estos sentimientos, debían estar dentro de esa amistad especial
que me pintaron.
Sin embargo, Sara ocupaba mi pensamiento, mis preferencias…
Recordar su aroma cuando se acercaba a darme un beso en la mejilla, me
excitaba sin yo saber que significaba esa excitación.
Su olor a vainilla, a ese perfume de adolescentes típico de aquella década,
está en mi memoria olfativa y me hace estremecer aún hoy cuando lo evoco.
Pero la heteronormatividad me envolvió en sus reglas y me arrastró por una
adolescencia sin más salidas que la marcada por la familia, por el entorno
y por las expectativas.
Las expectativas de los otros… Las terribles carceleras de tu yo.

Llegó el instituto, los grupos de amigos encantadores que revoloteaban a mi
alrededor con sus mochilas llenas de libros y más expectativas de nuevo.
Ninguno olía a vainilla ni provocaba que se me acelerase el pulso.
Pasaban por mi lado y yo solo sentía por ellos la misma emoción que me
producía la presencia de mi hermano.
Inmadurez sexual me decían, ya sentirás mariposas en el estomago cuando
llegue “Él,” el “Príncipe Azul”, porque en aquella época, este mito estaba
de moda..
” Príncipes y Princesas” de cuento con final feliz….

Pero la verdad es que la que llegó fue Berta.
Vino a pasar las vacaciones de verano y nos encontramos en aquella playa.
Su arrolladora personalidad me pasó por encima como si tratase de un tren
de mercancías.
Quedé completamente rendida a su encanto, a su voz al nombrarme, a su risa
cuando jugábamos en la playa, a su sensibilidad en cada puesta de sol y a
aquella caricia en mi mejilla, mientras estábamos tumbadas de bruces sobre
la arena.
Había agua en sus ojos y debajo, en el fondo de su mirada vi un abismo que
me produjo aquél vértigo maravilloso que olía a mar.
Me faltaba el aire y me sobraba el mundo…
Me acostumbré a sus pasos, me hice adicta a su piel, a sus labios salados
después de bañarnos y aprendí a reconocer los rincones de mi cuerpo, esos
que saben a pecado y que me había prohibido a mí misma, adoctrinada por las
enseñanzas de las monjas.
– No os dejéis tocar un pelo por los chicos. Decía Sor Carmela.
Bueno, Berta estaba claro que no era chico.
Era una mujer y mi piel reconocía cada una de sus caricias como si hubieran
sido dibujadas por mi en mi propio cuerpo.
Terminó el verano y Berta volvió al internado.
Cartas… Muchas al principio, después menos y al final el olvido.
Amor de verano, me dijeron.
Experiencia maravillosa decía mi piel con mudas sensaciones grabadas en
cada uno de mis poros.

De nuevo los compañeros de clase, adolescentes inexpertos con caricias
torpes.
Berta era muy joven también, como yo, pero nunca fuimos torpes.
Descubrimos despacio nuestros rincones mas íntimos con la segura certeza de
conocer como darnos placer, sin tener que explorar demasiado la una en la
otra, porque sabíamos exactamente qué, dónde, cómo y cuándo.

Algunos chicos fueron importantes en mi vida, era lo esperado por mis
carceleras la expectativas, pero ninguno me hizo olvidar las caricias de
Berta.
Ninguno tenía su delicadeza para quitarte el aire en un abrazo y
desconocían su forma de como beber de un beso.
Era consciente de que ser diferente no me beneficiaba en absoluto dentro
de la sociedad en la que me había tocado vivir.
Dediqué mi interés a algunos compañeros por experimentar y por no ir
siempre ” contra corriente” pero fue algo que ya he olvidado.
Mi entorno continuaba evolucionando y sucediendose en procesos lógicos
dentro de roles esperadamente normales.
Mis carceleras, las expectativas creadas por otros y para mi, también lo
hacían.
Las lesbianas tardías, son mujeres que descubren o declaran sentimientos
hacia su mismo sexo a una edad adulta.
Yo hubiera estado en este grupo posiblemente si no fuese porque le pregunté
una vez a mi abuela si era posible amar a otra mujer.
Ella, mujer inteligente y adelantada a su época, me contestó
afirmativamente y sin ningún prejuicio.
Ese fue el momento….!!!!!
Mi momento…!!!!!
Me acepté como una mujer que era capaz de amar a otra.
Me tranquilicé y mi piel se relajó y comenzó a disfrutar con lo que la vida
me iba regalando.
Sin angustias ni dudas.
Y le conocí a él, un día con el paso de los años… Le conocí y le quise y
el reloj biológico se puso en marcha y fui una madre feliz .
Pero después se terminó.
Quedó la sensación de felicidad con los hijos, pero faltaba la sensación de
esa manera de amar diferente, sin la forma opresiva y encorsetada que me
producía un hombre.
Entonces sucedió, tomé la decisión de dejar de amarlos.

Fluidez sexual…?
Reloj biológico llamando a la maternidad…?
Expectativas carceleras…?

Todas las premisas podían ser ciertas sin duda, pero el sentimiento más
recurrente en mi cerebro, era la necesidad rabiosa de la piel con olor a
vainilla de mi adolescencia.
Miraba a otras mujeres.
Me atraían sus aromas, sus caderas enfundadas en vaqueros ajustados, sus
risas, las miradas llenas, sus abrazos suaves y tiernos, sus movimientos al
bailar y la seguridad y certeza en cada una de sus caricias.

Cuando una mujer se manifiesta como lesbiana, se da por seguro que lo ha
sido siempre, desde su nacimiento, pero yo ahora estoy segura que han
intervenido en su trayectoria varios agentes vigilados por las carceleras
expectativas y que no hay un modelo que defina a una mujer lesbiana.
Tantas historias como mujeres y todas diferentes…
Esa es la única verdad.

Y después continué quemando etapas en mi vida…
Hasta que un día llegó ella….. Ella…… Realmente enamorarse de una
mujer sucedió con ella.
Mismos objetivos, mismos pensamientos. Sordas a las expectativas carceleras.
Con la libertad absoluta que proporciona el amor y las leyes de mi país, me
casé con ella.
Mi chica era ella… Abrazaba con la intesidad exacta que necesitaba mi
deseo.
Su mirada profundamente azul soltaba y liberaba mi alma.
Fue mi momento de seguridad en la vida y me di la oportunidad de repensar
lo que quería…
No lo vi como una elección consciente… Creo que estuvo mas allá de mi
control.
Me enamoré de algo que estaba más allá de sus ojos, algo mucho mas
profundo y la amé…
Si…. La amé por Marga, por Sara y por Berta.
Esta vez y siendo completamente consciente decidí hacer de la libertad en
la forma de amar mi bandera.

Rebeca Inut

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Salir del armario a los cuarenta y pocos

Salir del armario a los cuarenta y pocos…

“¿Desde cuándo sabes que te gustan las chicas?” Podríais prsalir-del-armario-LGTB-Sarah-Abilleira-Ponte-en-mi-Pieleguntarme. “Desde siempre”, os respondería yo. “Entonces… ¿por qué…?” Sí, buena pregunta, ¿por qué he tardado tanto en salir del armario?

Nací en el seno de una familia conservadora en la que nunca se habla de sexo. Hasta los 18 años asistí a un colegio de monjas misioneras católicas, en el que el único modelo de referencia de lo que es una familia estaba formado por un matrimonio heterosexual y todos los hijos que Dios quisiera que vinieran al mundo en el marco de esa unión. Y después, estudié una ingeniería y empecé a desarrollar mi carrera profesional en una empresa, en la que todavía trabajo, en la que la proporción de mujeres en plantilla es sólo de alrededor 15%. Además, nunca me ha gustado divertirme como a la gran mayoría de las personas de mi generación: no me gusta salir de noche. Tampoco me gustan las redes sociales. Esto es, durante mucho tiempo, mis posibilidades de conocer a otras mujeres, sobre todo homosexuales, han sido muy reducidas.

Además, toda mi vida se ha caracterizado por una gran falta de referencias sobre cómo construir una relación con otra mujer: fusión emocional y afectiva, ¡¡¡si!!!, pero ¿cómo y hasta dónde?; sexo, ¡¡¡sí!!!, pero ¿cómo me gusta expresar mi deseo y cómo me gusta que me lo expresen a mí?; ¿qué futuro quiero construir en pareja?; ¿cómo gestiono la ambigüedad que surja, si surge, en mis relaciones con mis amigas homosexuales?…

Vivimos en una sociedad construida íntegramente entorno a un modelo de relación de pareja heterosexual, en el que los modelos homosexuales que se nos presentan a través de los medios de comunicación, películas, libros etc. todavía tienen un aire marginal o se caracterizan por elementos muy tópicos con los que yo no me siento identificada. Os pongo algunos ejemplos:

  • Homosexualidad y promiscuidad parecen ser términos equiparables.
  • Las lesbianas son mujeres con aspecto de marimachos que llevan el pelo muy corto, y muestran sólo actitudes masculinas, cercanas al machismo algunas veces.
  • Las lesbianas son lesbianas porque odian a los hombres.
  • La homosexualidad es inmoral.
  • La homosexualidad debe estudiarse porque sin duda tiene su origen en algún tipo de defecto hormonal o cerebral del que carecen las personas normales, esto es, heterosexuales.
  • Debe de ser muy duro enamorarse de alguien de tu mismo sexo.
  • Toda lesbiana que se precie de serlo debe mostrarse metiendo mano a su novia el día del orgullo gay.

Partiendo de una falta de referencias tan grande, mi experiencia personal se ha basado en el antiguo método de la prueba y el error, que resulta tremendamente doloroso, como ya sabréis muchas por propia experiencia. Sobre todo porque los errores suelen ser más frecuentes que los aciertos cuando te mueves casi a ciegas…

“¿Y ahora qué?”, me preguntaréis. Ahora creo que es posible. Ahora tengo la fuerza para soslayar los prejuicios sociales, la firmeza para rechazar modelos que no me valen, y el deseo y la ilusión de adoptar y construir los que sí que van conmigo. No tengo que convencer a nadie de que soy “normal”, soy como soy y no me importa por qué ni si eso gusta o deja de gustar. Me gustan las chicas, y no voy a renunciar a vivir mi vida con plenitud porque me haya sentido perdida durante tanto tiempo. Afortunadamente, ya no lo estoy.

Desde aquí quiero agradecerte, Marta, la ayuda que me has prestado para encontrar mi camino, así como la gran oportunidad que me has ofrecido de compartir mi experiencia a través de tu blog. Ya lo sabes pero, ¡mil gracias, por siempre! Y gracias a todas las que leáis mis palabras, será un placer conocer también vuestra experiencia.

Fdo. Ana

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Salto al vacío

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Espero su llamada. La espero mucho. Y también me desespero.
No quiero llamarle yo. No quiero que piense que le necesito. No quiero que perciba mi fragilidad.Me siento frágil porque no me llama. Quizá no le haya gustado. Quizá se ha asustado en nuestra primera cita. Algo ha visto en mí que le ha frenado.
Parecía tan contento. Incluso me besó ¿o le besé yo? Quizá no debiera haberle besado. No en la primera cita. He cometido un error.
Me llama.
No me pregunta cómo estoy.
Tan sólo habla y habla sobre lo ocupado que está. El trabajo, su jefe, los proveedores… ¿por qué me cuenta todo esto?
Ni una sola palabra cariñosa. Sólo me habla de él hasta que decide colgar, tiene que colgar dice, unos clientes le esperan. Cuelga.
Siento frío.

A veces nos atrevemos y nos lanzamos. Unos a cara descubierta, otros a corazón abierto y la mayoría con todas las defensas puestas para “no ser dañados”.
Y ese parece ser el plan para conocer a alguien, para incluso llegar a estar en pareja. Y fracasamos, estrepitosamente.
Parece que es en ese momento de inicio cuando más miedo sentimos, miedo a perdernos en el otro, a desaparecer o a ser utilizados.
Entonces iniciamos viaje y nos dedicamos más que nunca a nosotros mismos. Estamos con el otro pero en realidad no somos capaces de verle. Jugamos a ver dónde va a parar la atención, quién se va a llevar el gato al agua.
Le hablamos de nosotros, de nuestra vida, de nuestros problemas y nuestras alegrías. Le hablamos porque queremos ser escuchados, sentirnos escuchados, por fin. Sentimos que el otro se ocupa de nosotros y nos atiende y nos reconoce.
Nosotros somos los protagonistas de esa historia y el otro es mi oyente. No le veo y no le escucho porque apenas existe para mí. Su fin es confirmar lo importante que soy. Eso que yo no tenía muy claro me lo demuestra con su atención y su tiempo.
Son relaciones profilácticas. Estériles. Porque nada producen y nada crean.
Buscamos ser mirados y ser elegidos para sentir que somos alguien.
Pero en realidad no deseamos mezclarnos con el otro, profundizar en él y verle en su totalidad. Nos asomamos a barreras y desde allí intuimos ruedos a los que nuestra cobardía nos impide saltar.
No queremos arriesgar. El miedo al dolor, a las incertidumbres, a los peligros y las decepciones nos impide dar saltos al vacío.
Estar en pareja es un viaje a la transformación. Y exige valentía porque supone reconocer primero tu propia fragilidad.
Es más fácil consumir relaciones de quita y pon que no nos tocan, que nos dan de comer pero no nos nutren y que tan solo calman nuestra propia ansiedad.
No nos relacionamos con el otro sino con los pensamientos que tenemos sobre el otro y los pensamientos que creemos que el otro tiene sobre nosotros mismos.
Y en todos esos pensamientos está el miedo y los bloqueos que impiden la fusión.
Nos relacionamos sin tocarnos, sin mezclarnos, sin transformarnos.
No nos atrevemos a saltar porque nuestro ficticio mundo de seguridad nos lo impide y si percibimos que ese alguien nos toca salimos corriendo.
¿Acaso existe una alternativa?
Saltar. Ser valientes. Atrevernos. Sentir el miedo y atravesarlo. Asumir riesgos y consecuencias y de su mano vivir viajes apasionantes, ver al otro, reconocerle, encontrarme con él, desearle, perderme, ser uno y volver a mí.
Equivocarnos. O no. ¿Y qué?
Qué diferente y qué gran posibilidad de vida. Prepárate para saltar.
El momento es ahora.

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